Desde hace tres meses, me gusta cuando llueve, porque compartimos paragüas.
Desde hace tres meses, me gusta cuando hace sol, porque nos tiramos en la sombra del césped a ver pasar el calor de la tarde.
Desde hace tres meses, me gusta que haga frío, porque ya tienes una excusa más para abrazarme.
Desde hace tres meses, me gusta que el cielo se nuble, para jugar contigo a ver figuras en las nubes.
Desde hace tres meses, apenas me muevo de mi ciudad (excepto para ir a la tuya), pero han sido unas vacaciones de verano geniales.
Próxima parada: andén de Coslada, esta tarde, con destino a Rivas.
PD: gracias por ese mensaje a las doce y pico de la noche! ;p
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2 comentarios:
Dice a leyenda, que hace mucho tiempo, cuando la vida en la Tierra aún no existía, dos gotas de agua se encontraron unidas a causa del destino. Estas dos gotitas un día decidieron unirse, para formar una gota más grande (pues por separado, las dos sabían que no podrían sobrevivir mucho tiempo a las altas temperaturas), que sería empujada por la gravedad montaña abajo. Entonces las dos gotitas caminaron juntas largas distancias, creciendo y haciéndose más fuertes con el paso del tiempo, hasta que formaron un arroyo, un riachulo, y posteriormente, un caudaloso y bravísimo río. La vida brotaba de las entrañas de la tierra a su paso, como por arte de magia la hierba crecía, los pájarillos nacían entre las cenizas, los bosques se elevaban a sus pies. Mucho tiempo anduvieron abrazadas las que habían sido dos pequeños cristalitos de agua, revolcándose y agitándose en cada desnivel del suelo, dejando que la pendiente y el tiempo las llevara por su camino. Juntas viajaron y dibujaron los lugares más sorprendentes del planeta: selvas, cañones, grutas y casacadas, océanos... Todavía se oye en boca de algunos ancianos que aquella fuente de agua y pureza aún corre por los lugares más increíbles, construyendo mundo, compartiendo cauce, buscando el lugar más apropiado para pararse a descansar, formando su propio y único mar.
¿Acaso no somos nosotros esas dos pequeñas masas de agua que un día se encontraron unidas a causa del destino? ¿Acaso no nos queda un mundo por tejer a nuestro antojo? Correremos abrazados compartiendo la misma orilla, haciendo de cada momento una historia, y de cada historia una vida. Te amo, preciosa!
Tu niño.
He llegado a tu blog a través del de Chechu (Cuentacuentos). Me ha este texto y otros que por ahí he leido. Seguiré pasándome por aquí.
Un abrazo.
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