domingo, 5 de octubre de 2008

Te echo de menos...

.
Hoy me siento melancólica.
No estoy "de bajón", como se suele decir, pues ya se sabe que la melancolía es la dicha de estar triste; y realmente hoy me siento muy dichosa.

Pero... ¡jo! Yo quiero más.

Es tan fácil encontrarme en estos días. Es tan fácil acceder a mis pensamientos...
Sólo hay que salir al atardecer, y buscarme en el punto más alto de mi ciudad a esa hora en la que el Sol se pone.
Y mientras alguien tal vez me observa en silencio, sin molestar, casi invisible; yo pienso en ti, en qué estaras haciendo... Pienso en ese posible alguien observándome... Pienso en esas puestas de Sol, que ya tenían lugar antes de que mis tatarabuelos nacieran, y que seguirán ahí cuando los nietos de mis bisnietos no sean más que polvo y aire.

Es tan fácil encontrarme en estos días...
Sólo hay que permanecer en silencio mientras el Sol se pone. Tal vez ofrecerme un abrazo. Hacer la pregunta deseada, y esperar...
Y yo te contaré cuanto quieras saber.

Hay dos tipos de personas en el mundo: los observadores, que disfrutan de la belleza de cada pétalo de una flor de azafrán; y los que lo cambian, que se mantienen demasiado ocupados arreglando los errores de los demás como para sentarse a mirar todo aquello que ya es perfecto.

La paradoja de mi vida es que yo pertenezco a ambas ramas por igual.



.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ver en tus ojos arder los últimos rayos de Sol es una de las cosas a las que es imposible poner precio, estar vigilándote mientras cae el Sol es algo especial: sabes que has sido la última persona sobre la que han caído los últimos rayos, y sabes que tu cara ha sido la última cara de tu ciudad, pueblo, o región en ser arropada por esta luz. A veces, cuando te miro, sin tu percatarte de que te observo, me gusta jugar a adivinar lo que pasa por tu mente.

Si una puesta de Sol es especial, no puedes imaginar lo que se siente al verla, mirándola y mirándote tras unos matojos, mientras tú ignoras mi presencia. Te quiero, cielo!