jueves, 8 de mayo de 2008

¿Por qué escribir?


No hay ni un solo escritor en el mundo al que no le hayan hecho cien veces esta pregunta. Los escritores contestamos como podemos: unos, con una solemnidad embustera (valga la redundancia); otros, con un chiste laboriosamente excéntrico; otros, con lo que han contestado otros escritores; otros, mirando a quien formula la pregunta como si fuera el tipo más imbécil de la OTAN y murmurando con gesto de asco que la pregunta no es pertinente (cuando la triste verdad es que no se le puede hacer a un escritor una pregunta más pertinente que ésa); la mayoría, me temo, mintiendo como perros. Me avergüenza confesar que hasta hoy he incurrido en todas esas infamias, pero sobre todo en la última; me enorgullece proclamar que eso se ha acabado: en este mismísimo momento, gracias a la gentileza inaudita de este periódico, que me paga religiosamente cada mes por escribir tonterías, me dispongo a decir la verdad, toda la verdad y etcétera. Con todas sus consecuencias. Pero atiendan bien, porque es la última vez que la digo.

Escribo porque me encanta que me pregunten por qué escribo. Escribo porque me aburro y porque si no escribiera me aburriría muchísimo más. Escribo porque escribir no sirve absolutamente para nada y sin embargo mientras escribo tengo la absoluta seguridad de que sirve absolutamente para todo. Escribo porque absolutamente nada tiene ningún sentido y sin embargo mientras escribo absolutamente todo parece tener un sentido absoluto. Escribo para leer mejor y también para dejar de vez en cuando de leer, porque el mucho leer embota (esto último lo dijo Nietzsche, que escribía pensamientos paseados). Escribo para escribir algún día un libro paseado. Escribo porque a los ocho años leí "Pimpinela escarlata" y desde entonces no he hecho otra cosa que intentar plagiar esa novela. Escribo porque a los 15 años yo era un salido y un día otro salido que además era un cabrón me dijo que escribiendo se ligaba, y cuando descubrí que me había engañado ya era demasiado tarde para quitarme el vicio. Escribo porque a los 15 años yo tenía una profesora radiante: un día la interrumpí en clase al grito de que estaba buenísima y ella, que estaba explicando a Borges, me expulsó de clase y yo me impuse como penitencia la lectura de las obras completas de Borges, cosa que todavía no he terminado de hacer y que no creo que termine de hacer nunca, porque en realidad es imposible. De más está decir que escribo porque a partir de los 15 años no me ha pasado absolutamente nada que tenga algún interés. Escribo porque me pagan por escribir tonterías. Escribo porque todavía no he encontrado una forma más decente de ganarme la vida. Escribo (me explico) porque no sé hacer nada útil, ni siquiera atarme los cordones de los zapatos: si supiera curar a los enfermos, no escribiría; si supiera rematar en plancha un libre indirecto, créanme, no escribiría. Escribo porque sí y porque me da la gana, y a quien le parezca mal que me lo diga en la calle. Escribo para poder pensar (esto, creo, lo dijo Cabrera Infante). Escribo porque cuando escribo tengo la impresión acusadísima de que soy una persona inteligente y también de que todos los que me rodean son todavía más inteligentes que yo, sólo que ellos no se dan cuenta.

Escribo para que me lea mi madre, que es la única que me leía cuando no me leía nadie y la única que me leerá cuando ya nadie me lea (¡un abrazo, mamá!). Escribo para que me lean dos tipos que están muertos y dos o tres que todavía están vivos. Escribo para que me lea usted (¡sí, usted, el de la tercera fila, no se esconda!). Escribo porque escribo como Dios (esto, Dios me perdone, es mentira). Escribo porque no creo en Dios. Escribo porque en un mundo sin Dios, escribir, como reirse (pero esto lo dijo Kafka), es casi una obligación moral, o quizá metafísica. Escribo para llevar la contraria, pero todavía no he descubierto a quién. Escribo para entender cosas que sé que no hay manera humana de entender, con la esperanza de que ese esfuerzo fracasado por entenderlas sea ya una forma de entenderlas. Escribo porque la vida es una mierda, y los hombres, un atajo de indeseables y de cobardes, pero cuando escribo salgo a la calle cantando canciones tirolesas y sintiéndome John Wayne y con ganas de abrazar al primero que pasa y echarme a llorar de tristeza en su cuello. Escribo porque si no escribiera no tendría ni un sólo motivo para respetarme, muy pocos para levantarme por la mañana y casi todos para convertirme en un peligrosísimo oligofrénico, de lo que se deduce que el Estado debería subvencionarme para que siguiera escribiendo. (No escribo, por cierto, para que me quieran más: las personas que me quieren me querrían igual si no escribiera, y las personas que no me quieren no me querrían ni aunque dejase de escribir). Escribo para joder a los que no quieren que escriba y para alegrar a los que quieren que siga escribiendo. Escribo porque, entre nosotros, escribir mola (esto, seguro, debió decirlo alguien, probablemente un chino). Escribo por todas estas cosas y por muchísimas más. En realidad, escribo por casi todo, porque cualquier excusa es buena para escribir. A veces (Dios me perdone) he llegado incluso a escribir para hacerles creer a quienes me leen que no quiero que me pregunten nunca más por qué escribo.

-Javier Cercas- (El País dominical)
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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto es como para empezar a aplaudir y no parar nunca, la verdad.
Es de este tipo de textos que te dejan, mentalmente, con la boca abierta.

Sin saber qué decir cuando preguntan "¿por qué escribes?", ha dejado, absolutamente, clara la respuesta a la pregunta; posiblemente, este humilde escritor que parece infravalorarse, no será consciente de que, escribiendo así, crea un sentimeinto de admiración en los lectores que, por lo menso en mi caso, han recibido su escrio, literalmente, dentro de un contexto de identificación con lo que lee.

Sabes, Ana? Sabes que yo también escribo? Escribo a mi manera, escribo a mis sentimientos, al mundo paralelo pero, distintivo, de mis ideas. Escribo porque creo que es una de las cosas más artísticas, más conmovedoras, más reales, humanas, bellas, gloriosas, sentimentales, idealistas, tergiversantes, escalofrientes, húmedas, solemnes... y, así, una infinidad de adjetivos que, creo, hacen de la escritura algo incomparable.

Si algún día lograra ser escritora, para mi, sería algo que imprimiría tal felicidad a mi vida que, en parte, supondría la realización de mi existencia. Creo que una de las cosas que más me mueve a escribir es, en la medida de mi capacidad, intentar llegar al lector o, al menos, acercarme a él. Escribo para que los que leen sientan algo que no olviden, sientan que hablo de verdad; que sepan, al leer, que lo que hay escrito está escrito por alguien que cree, verdaderamente, en lo que escribe, que ha sentido o pensado todas esas cosas que escribe, que escribe porque es algo que le sale del alma, porque cree en la escritura.

Cuando lles cosas a las que no quedas indiferente, incluso, dependiendo de como sean, te hagn reflexionar sobre algún aspecto de tu vida o, quizá, de varios; seguramente, sientas que ese escritor es alguien a quiém, si tuvieras la oportunidad, abrazarías. Piensa en esto siempre que anheles un abrazo sincero.

No hace falta decirte más...

Beatriz

Ana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ana dijo...

No obstante (ésto no lo puse en el comentario anterior, porque lo borraré en cuanto me agregues), he de discrepar contigo en algo.

No creo que en éste texto un gran escritor como es Javier Cercas se esté infravalorando, ni mucho menos. Y pienso que mientras escribía esto, era perfectamente consciente del sentimiento que crearía en dos lectoras-escritoras como nosotras. Es más, echándole un poco de imaginación y yendo aún más lejos, me le imagino en el sillón releyendo el artículo para corregirlo antes de enviarlo al periódico, y sonriendo para sí ante la breve obra de arte que acababa de crear.

Ser escritora... Ojalá.
Vaya par de soñadoras.

Anónimo dijo...

vaya por Dios!! esto se esta poniendo alegre!! que bien que escribas (aunque sea una declaracion de intenciones de Javier Cercas). que bien que escriba Beatriz, dar puntos de vista, decir el porque de aquel que escribe, vaya tarea... me acuerdo de la entrevista de Jimmy Hendrix donde decia que el tocaba porque le gustaba, porque vivia de eso y porque para el subir a un escenario era la extension de su tiempo tocando... es decir pasaba todos los dias tocando, a casi todas las horas. es asi, era su vida... otros como Nietzsche se enfermo y entonces escribio...esa bendita epoca prolifica nos valio la refrescante sensacion del existencialismo, (probable respuesta filosofica al desarollo economico de la epoca post industrial).
no puedo decir mas que bien porque escribas, entender la vida y compartirla con nuestro lenguaje es unico...leerlo y compartir el sentimiento no tiene precio...
(para Ana y Beatriz).
Jose

Anónimo dijo...

Para Jose:

Muchas gracias por incluirme en la dedicatoria de tu comentario a pesar de que soy una simple lectora de Ana.

Me ha gustado lo que has dicho pero, sin poner en duda que "entender la vida y compartirla con nuestro lenguaje es unico...leerlo y compartir el sentimiento no tiene precio...", también es cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de traducir o interpretar sus sentimientoso, sincillamente, no sabe como escribirlos; de este modo, no todo el mundo es apto para la tarea, como bien has indicado. Eso no quita que haya personas que escriban muy bien y que sean buenas en lo que hacen pero, bajo mi punto de vista, un escritor debe saber como transmitir algo que no pase indiferente a los lectores y, ante todo, ser capaz de escribir subjetivamente porque, creo, es la asignatura pendiente de muchas personas que se orientan hacia este mundo. Sin quitar mérito al objetivismo en lo que respecta a la escritura, considero una gran ventaja para el escritor, saber escribir, también, subjetivamente; de otra manera, la evolución sería limitada.

Por último (y creo que aquí puedo hablar por las dos, por Ana y por mí), siempre es bienvenido este tipo de comentarios que nos alientan a seguir albergando esa ilusión, al menos de momento, de que, algún día, lo que escribimos pueda ser leído a gran escala y que, aquello en lo que creemos, sea valorado, compartido o no y transmitido a muchas personas. Esto, algo tan sencillo a simple vista es, sin embargo, algo que nos haría profundamente felices y, además, nos haría sentir realizadas.

Beatriz

Anónimo dijo...

Hola Ana/Beatriz, aplaudo el pensamiento y el complemento a la idea que diste Beatriz. yo soy abonado lector de Ana, ana lo sabe, aparte de la amistad q tenemos y de q la veo nunca, al menos en su blog leo sus fotografias emocionales, jejeje, por decir de alguna manera, al fin de cuentas internet esta para manenernos en contacto no?
bueno pues si te parece Beatriz y me dejas leer tus escritos o tu blog, como un neofito de la lectura me daria un placer tremendo. sino, aqui donde escribes y comentas a Ana das migas de pan caliente.(a que si Ana)
Jose