martes, 16 de septiembre de 2008

Reflexiones en voz baja...

Observo su silueta recortarse contra la luna, al alcance de mi mano.
Escucho su respiración, ahora acompasada y tranquila.
Aspiro su olor, entremezclado con el mío.

Está dormido, pero no importa:
-No puedo creer que no sea un sueño. -le susurro al oído.
Después cierro los ojos, y me duermo yo también.

La aurora calienta mi rostro. Abro los ojos. Estoy en mi cuarto. Nadie a mi alrededor.
-Lo sabía -pienso para mí-, sabía que no podía ser real. Un momento tan perfecto...

Me doy la vuelta, boca abajo sobre el colchón. Extiendo la mano y cojo el peluche, que seguramente se haya caído durante la noche. Cierro los ojos y me dispongo a dormirme.

Entonces siento su respiración de nuevo, aunque esta vez en mi oído. No estoy segura de si había conseguido dormirme y aquello era un nuevo fruto de mi imaginación; si estaba aún despierta y simplemente él se había levantado a algo; o si simplemente había soñado que me despertaba y me volvía a dormir, y aquel despertar era el verdadero.
Pero tampoco me importaba mucho.
Dormimos ocho horas al día, una tercera parte de nuestra vida; ¿qué derecho tiene nadie a decirnos que lo que vivimos en ese periodo no es tan real como lo que vivimos mientras estamos despiertos?
Si era un sueño, era maravilloso; y si no lo era... Bueno, pues mejor para mí.
La cuestión es que ahora estaba a mi lado de nuevo. Y que no iba a desaprovechar esos momentos junto a él... ¿Quién sabe cuándo volvere a tenerle así?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo sé de una persona que, esté despierta o esté soñando siempre anda acompañada de una chica muy especial, una amiga y compañera que le hace ver las mejores caras de la vida, incluso en los peores momentos.

Un viajero, que al igual que ELLA, duerme o despierta para volver a sentirse querido por esa persona al abrir los ojos, aunque por muy fabulosos que puedan llegar a ser los productos de la imaginación a media noche, este hombre prefiere quedarse con los pies anclados al suelo, y con los ojos puestos en el horizonte de sus sueños, con más motivos en días como éste.

La vida con ELLA es éste horizonte, aquel hacia el que rema sin temor, a veces en un mar cálido y tranquilo, a veces luchando contra las tormentas que azotan su barca.

Te quiero, Ana.